Mudar de piel
(Del lat. mutāre.): 1. tr. Dar o tomar otro ser o naturaleza, otro estado, forma, lugar, etc. U. t. c. intr.
Volvemos a lo que conocemos. Como Unamuno, de quien no me separo por mucho que quisiera, releo, reescribo, replanteo, reconozco y me reconozco en la escritura pasada.
¿Qué es el pasado sino un cuento que nunca nos dejamos de reinventar?
Mudar de piel1 [una piel con capas y cicatrices]
[Prólogo
Hace tres años descubrí una cremallera en mi piel. Tenía mi longitud exacta, ni un centímetro más, ni uno menos. Cosida a mi carne de pies a cabeza. Maldito el momento en que la vi.
Solita, comenzó a resquebrajarse, vencida por una avalancha de raíces violetas. Salían de mis muslos como el vómito de un borracho. Llenas de vísceras e ira, el rapto de inspiración del artista fracasado, se arrastraron en todas direcciones, entraron por mi estómago y salieron multiplicadas y sanginolentas por mis omoplatos. Constriñeron mi cuello como la soga que sostiene a un cadáver cuya última inhalación se lee en sus labios entreabiertos. Hecho ya cuerpo de malezas y dolor, azuzadas las unas por la otras, las raíces invadieron la casa hasta que no quedó rastro de ella. Enterrada en la humedad violeta, me convertí en tierra fértil, llena de vacío y vacía de recuerdos.]
*
Mi casa seguía [y sigue] igual, las paredes empapeladas con mariposas sobre un fondo azul y gorriones sobre amarillo. La estantería seguía [y sigue] repleta de libros, la ducha con cal, el parqué tan reluciente como siempre. Todo estaba [y está] como siempre.
[¿Todo?]
Había tanto polvo acumulado, montones de polvo sobre todos los libros; el azul de las paredes que recordaba vívido, ahora apagado. El sol, la lluvia y el viento [y la memoria] habían ido desgastando el techo de paja [mimbre] de la terraza. Pasé un trapo sobre el polvo, una vez y otra, y otra, [y otra y otra y otra] pero no se iba, [no se va], seguía viendo la misma mota de polvo moverse de un lado a otro. Llené el cuarto con mis libros, mis libretas, mis pinturas, mi cámara, pero nunca volvió a tener la vida que recuerdo.
[Se apagaron, en realidad, esos ojos con los que se ve el mundo cuando somos pequeños, ojos en los que las cosas brillan y no se teme, se apagaron como se apaga una vela que no tiene mecha por quemar. He pasado dos años recogiendo los pedacitos de mis ojos de cristal, poniéndolos sobre la mesa, ordenándolos para montar el puzzle de mi pasado, rompecabezas que se empeña en cambiar como cambia la fisonomía de las orillas con cada respiro del océano]. Recogí los pedazos del techo que habían caído sobre la madera, le pasé agua al suelo, pero la paja [es mimbre, Miren] siguió cayendo a pedazos y el suelo volvió a secarse, sin rastro del brillo que recuerdo.
Hice todo por volver a la casa que recordaba, [todo por volver al recuerdo], a la casa que dejé años atrás, pero nunca volvió. El tiempo había pasado, todo me indicaba que había pasado. Yo seguía en el momento en el que me fui, cómoda, arraigada, [enterrada]; [corrían por mis venas hormigas y mis pulmones llenos de tierra violeta no soportaban el peso del tiempo y un pasado mejor que cualquier porvenir].
El reloj que había pausado se puso en marcha y en un segundo habían pasado tres [cuatrocincoseisdiezveintiun] años. En tres años me sentí perdida [y en un segundo fuera de mí]. Había una extranjera en casa, en mi piel [bajo mi piel]. Las mil raíces que creía tener eran espejismos. La única convicción que llegó fue que tenía que moverme, quitarme la tierra de encima y llegar al ahora [y sentarme con ese silencio que me hablaba del pasado del recuerdo de pertenecer de querer sin límites del sufrimiento enquistado de los miedos de la responsabilidad. De la necesidad de crecer].
*
El silencio que habita en mí ha salido y espera, cada día, paciente, a que lo mire. Llevo conversando con él… no sé. Mucho tiempo. No creo que deje de hacerlo.
Con cariño, como siempre,
Miren
Un artículo que escribí para la primera editorial que me dio cobijo.


Reescribir lo escrito, que buen método para hacer consciente el cambio🥰
🥹🥹🥹 qué bonito escribes